Salsa a 30 grados en el Día Nacional [CRÓNICA]

Una vez más, el festival boricua reunió a conocidos y extraños en un estadio Hiram Bithorn caldeado de puro sabor a ritmo de clave.

La salsa tuvo una nueva victoria en Puerto Rico. Perú fue uno de los principales testigos de ella. El último domingo en el Día Nacional de la Salsa, el público -con gran presencia de compatriotas- gozó y se deleitó por casi 10 horas de una cartelera que difícilmente se pueda volver a ver, y que quedará marcada en la retina de los miles que bailaron bajo un sol que abrazaba con 30 grados en un cielo despejado.

Por: Daniel Alvarez F.

Ya la fiesta empezó. Manolito Rodriguez subió a la tarima con su talento innato. Ese talento que lo ha posicionado entre los favoritos de la nueva generación. Según palabras de Willie Rosario, “de los mejores de la nueva cepa salsera”. Con su show de poco más de media hora, el joven timbalero aperturó lo que sería un Día Nacional de reencuentros. ‘Chango ta vení’ y ‘Canto abacua’ fueron los temas que abrieron la pista para el bailador.

El siguiente turno fue para la orquesta de Pedro Bermúdez, que inició su show con el joven Keyvan Vega. El pianista acompañó a varios homenajeados en el festival: Héctor Pichie Pérez, Frankie Vázquez y Yolanda Rivera. Estos cantaron dos números cada uno y recibieron sus placas como reconocimiento a su trayectoria musical. La orquesta sonó bien y los cantantes mejor. En la fila de trombones destacó el maestro Reynaldo Jorge, que llegó al Hiram Bithorn acompañado de su esposa.

Se acercaba la hora del almuerzo y subió al escenario el Conjunto Chaney del maestro Nicolás Vivas. De pronto, el romanticismo se respiraba en el estadio de baseball. ‘Amigos’ y ‘Ella dice’ fueron de las canciones más coreadas. Algunas lágrimas ya caían en las tribunas del Bithorn.

Lo que siguió fue la presentación del primer reencuentro: La Mulenze de Edwin Morales con Kenny Cruz y Pedro Brull. Este último confesó en conferencia de prensa que desde hace un tiempo “soñaba con que este encuentro se pueda concretar”. Eso significó casi una hora de baile con el sol más fuerte de la tarde. Y lo mejor estaba por venir.

CHARLIE APONTE, PA’ SU GENTE

Casi a las 4 de la tarde es que llegó Charlie Aponte. Con más fuerza que nunca, el nominado al Grammy en su última edición levantó a todos de sus sillas y los puso a bailar como nadie antes, ni después que él. Como dijeron muchos, lo que hubo allí fue candela. Y sí que la hubo.

Repasando no solo sus dos discos como solista, sino también su etapa con El Gran Combo, Aponte demostró en tarima -por 45 minutos- cómo es que debería ser la actitud de un cantante con un público que difícilmente puede ser sorprendido por el solo hecho de crecer con esta música en la esquina de cada barrio. Ya no importaba haber visto a Charlie en otras ocasiones. Se trataba de ‘La presentación’. Y ello se vio compensado con la ovación al final de su show.

Entre los temas que interpretó estuvieron ‘Pa’ mi gente’, ‘Agúzate’, ‘Ojitos negros’ y ‘Teléfono’. Como en todos sus conciertos como solista, estuvo acompañado del joven músico, cantante y arreglista, Carlos García, con quien parece haber hecho una dupla que seguirá dando qué hablar.

30 AÑOS DESPUÉS

Con los ánimos al tope y en un horario similiar al que tuvo hace dos años, Don Perignon subió junto a su orquesta La Puertorriqueña a la tarima del Hiram Bithorn. Todos, a excepción del timbalero, vestidos de morado.

Rico Walker interpretó dos temas: ‘Afinque total’ y ‘Cultura y sabor’. Josué Rosado y Joe Gonzáles una cada uno, hasta que subió al escenario Luisito Carrión para cantar ‘La fuga’. Sin embargo, el también llamado ‘Señor Histeria’ no pudo ejecutar el tema como debía, ya que según contó al finalizar el número, “estaba mal de la garganta”. ¿Será porque tuvo una presentación la madrugada anterior? Quien sabe. Quizás.

De allí fue el turno del más esperado por el público: Víctor Manuelle. Reventaron los cañones de pica pica y con una camiseta blanca de Fania, el cantante isabelino apareció en tarima para interpretar tres canciones. La primera fue ‘Con mi salsa la mantengo’, que forma parte del reciente disco de Pedro Morales Cortijo llamado ‘Cultura y sabor’.

Hubo una pausa en la que a Víctor se le entregó el Premio Estrella y el siguiente número es el que cantó por primera vez junto a Don Peri, hace 30 años, en la calle Calma, y se titula ‘La familia’. Fue durante este tema que hubo un impase con Pedro Brull, pues este se subió al escenario y  ello no le gustó a la organización del festival, incluyendo a Néstor Galán, el Búho Loco.

Este junte terminó con un tema sorpresa llamado “Víctor Manuelle y Don Perignon’, donde el intérprete de ‘Por ella’ demostró sus dotes en la improvisación, contando la historia de cómo se inició en la música con Pedro Morales, por recomendación de Gilberto Santa Rosa. Este capítulo de la jornada se cerró con un abrazo entre los dos protagonistas del reencuentro.

LA FIESTA NO ACABA

Eran las 6 de la tarde y el cansancio ya se sentía. Luis Perico Ortiz, la trompeta de lujo de Puerto Rico, subió al escenario y tras tocar un par de temas con su orquesta, llegó al escenario Roberto Lugo. El hombre recibió una placa en homenaje a su trayectoria musical y lo ganó la emoción. Agradeció a Zeta 93, casi hasta las lágrimas, y también a su esposa que lo grababa en tarima.

Vestido de traje blanco brillante, con incrustaciones rojas y azules que daban forma a la bandera de Puerto Rico, Lugo deleitó a su fanaticada con los clásicos que tocó hace ya varios años junto al trompetista. ‘Bohemio’ fue de las canciones más cantadas en lo que duró su presentación.

Y siguió el Conjunto Clásico de Ray Castro y Ramón Rodríguez. Con el sabor de antaño, la reconocida agrupación se presentó ante un público ansioso de escuchar clásicos como ‘Faisán’, ‘Piraguero’ y ‘Señora ley’, que pudieron ser interpretados por Tito Nieves tras su ingreso con el grito “Chim pum Callao”.

Aunque se notó el cariño y respeto entre el Pavarotti de la Salsa con Raymond y Ramón, no se percibió la energía de un grupo conectado como sí sucedió entre Víctor Manuelle y Don Perignon. Tito pareció un artista invitado más, que parte de la orquesta.

Finalmente, ya pasadas las 8 de la noche, fue el turno de Pirulo y La Tribu. Definitivamente, una salsa distinta a la tradicional, con fuerza y muy pegada en los jóvenes. Vestido de rosado y su orquesta de verde, el cantante y timbalero interpretó más de cinco canciones, donde la que más resaltó fue ‘Loco pero feliz’. Tema que, como él lo confiesa, lo hizo conocido tanto en Puerto Rico como fuera de él.

En resumen un Día Nacional de la Salsa lleno de alegría. De esos que no se deberían celebrar solo una vez al año; mucho menos, teniendo en cuenta de donde nace.

Bonnus track: Uno de los gestos de la tarde fue cuando Lusito Carrión terminó de cantar y al despedirse de Don Perignon, tomó un pañuelo y le secó la frente. Este intentó pararlo, pero Carrión insistió. Humildad y agradecimiento. Hasta el 2020, Día Nacional.

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